A todos los hombres de mi vida, y también a la mujeres. 

A todas las grandes pasiones finitas que han ido modificando mi rumbo.

A la relatividad, bendita relatividad que nos protege de la locura.

Al tiempo y su dulce caricia.

Y a la vida, en ocasiones, desatenta.

(Porque -hoy tomo conciencia- no podemos evitar ser quien somos).

Muerte en Jaipur (Septiembre 2006)

Mi destino estaba marcado por la desgracia, el círculo había llegado a su cierre, esperaba tumbada la hora de mi muerte.

El PSNC (personal sanitario no cualificado) hacía todo lo posible por calmar los dolores mortales que sentía (y algunos achaques crónicos que arrastraba desde la carrera) con palanganas llenas de opio y unas cuantas aspirinas.

Iban y venían con toallas llenas de sangre, sangre de otros pacientes de otros días, de otras semanas, de otros años, ...quizá las llevaban a la lavandería del hotel donde horas antes yo misma había lavado mis tangas made in china, hotel donde reiría por última vez, hotel donde aprendí a hablar indi (con una resolución y una corrección gramatical que hizo que recibiese congratulaciones de Indira Gandhi desde la Universidad portuaria de Old Delhi) días antes, el hotel que marcó los últimos días de mi vida de stripper, en donde nacieron mis últimos hijos y donde arreglamos sus matrimonios con las mejores familias de Jaipur...

Dos segundo de silencio y congestión. Ojos vueltos en blanco. Y luego todo negro. Y luego todo ese lío de la herencia. Y las continuas llamadas de la HNA preocupándose ya en vano sobre mí, y la repatriación y las indemnizaciones del seguro de viaje.

De todo esto y mucho más, y aunque haya cosas que ya no recuerde y me invente, o simplemente cosas que no quiera contar por vergüenza os hablaré algún día en redor de una mesa camilla.



Fiebres en Trinidad (Septiembre 2007)


…Esta vez sí que sí.

De sobra sabía que ya no había vuelta atrás, estaba completamente convencida de que lo único que necesitaba era un buen pastor neozelandés que me diera la extremaunción.

Había pasado la noche entera delirando, fiebres tifoideas y algo de malaria, un poco de trastorno psicosomático causado por un profundo arrepentimiento por los fraudes cometidos y una faringitis aguda como no existió nunca otra en toda la isla.

Ese fue el diagnóstico del mejor santero que me atendió en Trinidad, apoyado siempre por la hija dermatóloga del dueño de la casa donde me alojé para pasar mis últimos días, el señor José, esposo que fue de una ya anciana duquesa de la rama pobre de los Alba, y mi único amigo en los momentos más duros…, siempre al lado de mi lecho. 

Las fiebres eran demasiado altas, mi cuerpo estaba bañado en sudor y de repente el frío era mortal…, en los pocos momentos de lucidez que tuve, recuerdo que recité el poema número 15 de Neruda: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca…” Y al tanto, volvía a desfallecer… Y si no recitaba, pensaba en mi testamento y en las intenciones que tenía antes mi viaje a Cuba, me acordé como siempre de mis hijas y recé para que encontraran pronto un buen partido; Miraba, por el quicio de la puerta desde mi cama, siempre me gustó hacerlo… Y, lo más extraño, por unos instantes… creí en la Revolución y me aferré, en mi lucha por vivir, al Partido Revolucionario de Castro. 

Agónica y sin futuro, con la habitación llena de mosquitos pensé que también Ramón y Cajal deliró febril en Cuba, aunque muchos no lo sepan, mi tierra natal.

Después de meses de viaje en el carromato que nos llevó de Cienfuegos a Trinidad, y de cómo tuve que ganarme el sustento esos días de trayecto, (enseñando lo poco que recuerdo de trigonometría, del origen del mundo, del continente perdido, explicando por qué creo que la tierra es plana, leyendo ensayos en alemán con mi pronunciado acento francés y cantando canciones de María Dolores Pradera) después de todo eso, y algo más que no me atrevo a recordar, cómo no esperar esta recaída que me consumió lentamente en casa de don José…

—Señor José, Señor José… ¿dónde estoy? ¿He muerto ya? —Le pregunté al alba, cuando el resto del grupo disfrutaba de una higiénica playa caribeña…

Pero él acababa de marcharse, se había sumergido en la cocina, entre papayas, mangos, pomelos, guayabas, fruta bomba, plátanos y alguna langosta despistada… 

Mi desayuno, de 4 C.U.C., estaba listo.

Ensayo irónico sobre mi proyecto (Noviembre 2004)

Más que un colegio, lo que yo quiero crear es un espacio cerrado donde pueda cundir el pánico lo más fácilmente posible. Un espacio adaptado para que niños adorables maltraten a otros niños más adorables aún que huyan por largos pasillos muy oscuros que llevan a (¡sorpresa!) un “fondo de saco”, especialmente diseñado para practicar, de forma organizada, el “bullying” más pragmático.

Hijos maravillosos de las madres que habéis parido,

por vosotros hoy me enfrento a la duda de pegarme a la medianera

o apartarme de ella

y esperar a que un día se desplome

sobre 20 menores.

La gran duda (Un cuento de entresueños) (Octubre 2007)

Entró el doctor en el despacho en el que pasaba consulta los jueves por la tarde desde hacía más de 25 años con varios sobres enormes en las manos.  El Señor Rostropálido lo esperaba sentado al otro lado de su mesa, con sus manos apretaba y retorcía una boina de cuadros escoceses.  

—¿Qué tengo, doctor? ¿Es grave? —balbuceó 

—Verá usted, señor Rostropálido, después de la intervención a la que le hemos sometido, después de haberle abierto literalmente en canal, tenemos pruebas suficientes para corroborar lo que antes me temía… Tiene usted… una “duda”. Tiene usted una gran “duda” en la boca del estómago. Esa es la causa de todos sus dolores, de su tono de piel, de su falta de apetito y de todos los trastornos psicosomáticos que usted está padeciendo, e incluso es la causa de su extraño olor corporal. Créame, no veo una de éstas tan grande desde el año 93, en el que le extirpamos, por decisión de su marido e hijos, una “ilusión frustrada” a una señora de mediana edad. Era tan grande que tardamos 10 horas en limpiarle la zona alrededor del corazón, incluso se le había pasado a los pulmones… ¡Esa mujer llevaba más de 20 años viviendo con una “ilusión frustrada” en el corazón…!

—Pero, entonces… ¿tiene cura, doctor? ¿Voy a morirme? —volvió a preguntar Rostropálido mientras comenzaba a sudar. Alguien había aumentado 5 grados la calefacción central del Hospital Central.

—Pues, verá, no quiero engañarle, pero tampoco quiero que se "desespere". A ver si va a ser peor el remedio que la enfermedad, (¡ja ja ja, ¡qué elocuente!, pensó), una "desesperación" no tratada sí que puede ser mortal en pocos meses… Como le decía, he visto todo tipo de casos, casos de metástasis en los que ya no se ha podido hacer nada…, el más traumático que se vivió en el hospital fue el de una joven bailarina…, no pudimos hacer más por ella, tenía metástasis por todo el cuerpo, una gran “falta de confianza en sí misma” se le había extendido hasta llegarle al cerebro. Pero no quiero que se alarme, también conozco muchos casos en lo que la enfermedad ha remitido, la cosa es cogerla a tiempo y tratarla de forma adecuada. Su caso es algo delicado, el tamaño de su “duda” es bastante grande y debe llevar ahí, a juzgar por el mismo, algo más de un año...

—¿Qué debo hacer, doctor? ¿Qué tratamiento he de seguir? ¿Será doloroso?

—Pues mire, voy a empezar por recetarle... —dijo mientras comenzaba a escribir sobre un block de recetas de la Seguridad Social – estas píldoras incitadoras a la elección y a la decisión. Tómese 2 al día y venga dentro de 2 semanas, si la “duda” de su estómago no ha empezado a remitir, entonces… lo siento, pero tendré que amputar… Su vida está en juego. Así que le aconsejo que medite durante estos días y encuentre usted el motivo de su “duda”, ya que sería de gran ayuda para su enfermedad que dejara de dudar y se decidiese a dar ese paso del que hablamos en nuestra "primera cita".


Para Joaquín.

La mujer del piso de arriba (Noviembre 2004)

Érase una mujer que vivía en el piso de arriba. Siempre llevaba zapatos de tacón.

En el piso de abajo vivía la misma mujer, breve tiempo atrás. Estaba a punto de comprarse sus primeros zapatos de tacón.

Ambas mujeres se cruzaban en las escaleras del edificio, siempre en sentidos opuestos.

Pero era incapaz de verse a sí misma reflejada en su "pasado—futuro". La ignorancia era recíproca.

Uno de los primeros días de enero, una mujer con altos zapatos de tacón subió las escaleras y, un piso antes de llegar al suyo, “se” encontró semisentada y apoyada sobre una puerta y los ojos negros de lágrimas.

— ¿Le ocurre algo? — preguntó.

— Sí..., no encuentro unos zapatos para mí, y los deseo desesperadamente, el hombre que vivía conmigo se ha marchado para siempre y no tengo sueño por las noches...

— ¿Sabes? A mí hace no mucho tiempo me pasó algo parecido y lloré desesperadamente durante semanas, no podía comprender entonces que, debido a que ese hombre se marchara, tendría luego la oportunidad de encontrar los mejores zapatos para mí, y pude volver a dormir en las noches.


Para mi amigo J. M., por los zapatos de tacón que han de llegar.

Relación superextramatrimonial. (Marzo 2004)

No es su marido. No es su mujer.

Y el orgasmo más intenso que han sentido nunca... 

Ha sido en esta vieja habitación de hotel.

El anonimato les ha permitido expirar

en un extasiado final.

-Buena noches, querido. Fue un placer

-Buenas noches, ¿cómo se llamaba usted?


No es su marido y ella nunca será su mujer

Sobre,dosis (1/2) (Febrero 2004)

A las sombras más tenues era alérgica, a la oscuridad más absoluta le tenía pánico y los desórdenes mentales que sentía a ciertas horas, entre el alcohol y las drogas, la arrojaban a las esquinas de un incipiente futuro decadente.

“No volverán los días que eran siempre igual, el llorar de tantas madrugadas...”.

Gritos de fuentes de otros espacios suenan en su cabeza, la mediocridad que envuelve una paranoia frustrada y los lastres que arrastra desde niña la mecen en la tela de los sinsabores más extraños.

Se deshace sobre el suelo, justo al lado de su cama y a algo parecido a una mesita de noche. Cristales rotos de copas vacías.

Un espejo en el que se refleja una belleza muerta y los últimos gránulos de una droga blanca, tan húmeda y amarga como el llanto inmaduro de su alma. 

Desnudo su cuerpo, zapatos de tacón, zapatos rojos, los zapatos de tacón más altos que encontró la primavera pasada, la tarde en que decidió empezar a vivir el resto de su vida, cualquiera que ésta fuera; y la viviría desde la altura suficiente que le proporcionasen los zapatos de tacón más altos que encontrase, para que el ángulo de su visión no fuese interferido por los hombres-perros que husmean por las aceras mientras arrastran sus repugnantes barrigas por éstas.

Eyaculaciones, espasmos y rozamientos. 

Girar sobre cuerpos desnudos y perder mientras el suyo entre la multitud.

Tarjetas de crédito con restos de saliva de otras veces. Tarjetas de créditos negros.


Sobre,dosis (2/2) 


Una pierna extendida y la otra semidoblada,

rodeando el espejo sobre el suelo. 

Mirada extenuada,

y vuelca lo que queda…

Es bastante para poder soñar, 

y soñar es más fácil si se mezcla 

con una caja de Orfidal. 

Más cantidad y más luz al final.

Bailarás, muñeca de trapo, esta última canción.

Rehace con sus manos blancas y frías un rulo de una cartulina rosa.

Aspira y le cuesta trabajo aspirar. Aspira la extremada cantidad e inclina la cabeza hacia atrás, esparciendo marañas de pelo sobre las sábanas. Y los segundos pasan. Y escucha dentro de sí el latir acelerado de su corazón, tan fuerte, tan alto como el timbre de su colegio, en aquel pueblecito cuando ella tenía 6 años y volaba sobre el albero con un baby de líneas blancas y rosas. 

Y recuerda los atardeceres en aquellas montañas y las piedras que levantaba buscando criaturas que viviesen bajo éstas y las meriendas de pan con chocolate. Pero al fondo siempre estaba su otro yo, mirándola…

Entrecierra los ojos lentamente y desplaza sus manos hacia el suelo… Y ya no siente ni frío ni calor, y no le duele ya nada, y ya no escucha los gritos de esas fuentes de otros espacios.


Paro Cardíaco.

A quien tanto quiero, hoy le escribo (15 de enero de 2004)

Con el don de la visión “de todo lo visible y lo invisible” volvió a nacer la primera noche del mes de los muertos. (Los quietos cadáveres qué muertos están.)

Y sin madre procreadora y aunque desnuda aún y la piel cubierta de placentas comenzó a girar, y al girar se dio cuenta de que sobre los detalles más insignes y sobre los placeres que proporcionan los vicios y sobre el antagónico pedestal de las economías mundiales y los falsos estamentos familiares y los horrores más rojos y sobre las lunas y los soles más altos y sobre los alambres tetánicos que transmiten miserias y las camas con mucha gente y la penumbra y el champagne,… sólo había algo para ella en aquel fondo de luces y de hidrógeno, y durante la mañana siguiente lo deposito sobre los montes de su cuerpo y lo observó y lo escuchó y lo introdujo en sus venas lentamente porque entendió que lo necesitaba para nutrirse de amor. E incluso se atrevió a hablarle durante un primer segundo en el que se escuchó la voz a sí misma y le sonó a mujer, con leves inflexiones en su acento, y se dio cuenta de que ya no sonaba el eco de los gritos y los llantos de sus anteriores vidas, (el olvido pronto llegaría, qué placer.). Y al hablarle se acercó más a él para que pudiera escucharla rotundamente y le contó sus tragedias y le presentó a sus miedos y los desvalores que sintió en su cuerpo y le contó sus sueños y sus ansias de seguir viendo, le obsequió con sus misterios y con las formulas que le transmitieron a ellas, la noche que nació, los muertos. Y hoy, casi asombrada de que él la escuchara y la entendiera, no deja ella de mirarlo nunca, por encima “de todo lo visible y lo invisible”.

Pueblo muerto (Enero 2004)

  

Los deseos de las ninfas se plasmaron por la noche en gotas de agua sobre el borde de la línea que delimitaba mi viejo pueblo andaluz. 

Los viejos aspiraban a morir dormidos y los jóvenes buscan desesperadamente tras los visillos de las enrejadas ventanas la mujer que sacuda sus sueños. 

No hay trabajo para las manos de los herreros y los labradores han de huir metrópolis arriba buscando el polvo de la construcción. 

Ya no queda ni llanto en mi pueblo en sequía que pudiese regar las tumbas de los muertos que ocupan el cementerio. 

Mi pueblo ensimismado, vacío de niñez, se muere de miedo.

Rodeando mi pueblo deambulan los deseos de las ninfas.

Los navideños (diciembre 2003)

Los alientos de los hombres malos, en Navidad, dan calor a los cuerpos de las niñas viudas y perdidas en las calles_calles de la enorme ciudad.

No hay portales_de_belenes y los portales que hay no resguardan del frío.

Y los cuerpos sudados de cerveza no quieren regresar a sus casas aún, que aunque esta noche es noche buena, mañana no hay nada que celebrar. Y paran sus coches frente a la guardería nocturna de pequeñas marionetas extranjeras adornadas esa noche (Noche_Buena) de vírgenes lloronas que no han de serlo nunca más, porque no recuerdan haberlo sido nunca.

El sudor de los gordos señores de sus delgadas señoras -esas que reposan plácidamente en sus camas de plumas de gansos después de haber contado las piezas que componen su joyero y a las fieras que componen su camada- cae sobre los pobres corazones de las niñas que no verán este año la cabalgata.

CON-SENT.IDOS (Noviembre 2003)

Pero AÚN es un adverbio de tiempo y como tal marca un tránsito finito. 

No soy la que se fue noches atrás.

He crecido levemente. Me han crecido los sentidos y mis pies caminan por donde no está prohibido pisar.

Me gusta cuando sonríe y mirándome despacio me jadea en el oído: te amo. (Yo también.)

Estoy aquí de paso. Él está en El Lugar, esperándome.

Sin penas, que quién no me merece no me puede soportar. 

Escenas de madrugada en revisión (Octubre 2003)

Dijeron algunos… “Ten cuidado, no dejes que te haga daño”, cuando me vieron presa de mis circunstancias. 

Pero ya era tarde, y yo misma me metí en la jaula. 

Absurda instancia me escribí a mí misma desde aquel 3º-3ª: “Deja que pase sin llamar; sólo él”

Y me disfracé de drogadicta en una cueva roja. 

Y aprendí a caminar mientras mi espalda rozaba las paredes de piedras metamórficas.

Y me afeité el alma con cuchillas para no dejar que mi pasado me interrumpiera en las horas que yo misma iba a ir tejiendo…

Sentí mis brazos mutilados cuando, entre el sudor y la ansiedad, él me agarró fuertemente mis muñecas y las contuvo bajo las suyas con la violencia que entreteje el placer… 

La habitación cambiaba de color cada vez que abría mis párpados cansados. 

Me dolía y el dolor me llevaba a estados de excitación tan controvertidos que perdí la noción de la gravedad. 

Y se paró el mundo, y durante el silencio que producían nuestros jadeos más profundos yo creí morir mientras lo más denso de su orgasmo se derramó sobre mi piel. Y el olor se veía y el fuego ya era helado… Los dos habíamos girado y, al menos yo, ya nunca jamás volvería al sitio donde él me había encontrado.


Si te amé alguna vez, no fue por lo que eres, sino por lo que NO me has dado.


Escenas dilatadas en recuerdos (Octubre 2003)


No consigo olvidarte.

Dibujo tus ojos sobre los ojos de otros hombres a los que, sin embargo, abrazo.

Ojos azules que cambio por tus ojos precarios. 

Ojos que me parten en dos mientras los míos sólo ven el miedo de tus ojos.

No existe penetración más profunda que la de aquella noche, cuando aún extasiados ambos, tras tu lengua, dejé que atravesaras mi garganta con tu alma. 

Por causa de alguna droga quizá, olvidé cerrar mis puertas ese instante.

Tal vez sólo haya que tejer una tela, pero excavaste un hoyo del que hoy no salen ni las arañas.

Los días no me va mal…, no me falta el talento y lo sé, casi siempre gano, aunque pierda alguna vez.

Y si maltrato a mis hombres y violo sus pensamientos hasta arrastrarlos a mi infierno, no está de más que alguna noche la pase deshojando las brochas del pintor equivocado, del pintor que nunca pintará mis cuadros. 

Las gotas de lágrimas no lloradas y los mares que ya no tienen sal se siguen maclando en las esquinas que despuntan mi cuerpo.

¿Qué te hizo tanto daño?

¿Qué te arrastró de unos brazos?



La desgraciada (Septiembre 2003)

  

Rozándose la desgraciada con hombres de todas las edades embebió el sonido de su llanto y desnudó sus hombros esa noche para él. 

El último cliente por 25.000; abrió sus piernas y cerró los ojos; gotas de heroína tendrá esta noche para poder soñar. 

Y son ya 19 los años que lleva viviendo esta vida, a veces quiere cambiar, a veces quiere morir, pero nunca puede olvidar. Se fue de su casa una tarde cuando el marido de su madre la violó por segunda vez.

En el centro de Reinserción Social no la dejan estar más de 15 días, ¿Quién la puede ayudar?

Los olores de mi ciudad (Agosto 2003)

Los olores de mi ciudad me revuelven las entrañas. Calles llenas de gentes, vacías de quién yo quiero. Calles llenas de coches de colores, todos menos el mío.

Y siempre muere una mujer en cualquier esquina. ¡Qué más da! Él ya no la recuerda.

Me arrancan corazones que no han de ser transplantados.


Te odio


Lloran los estrechos pasillos del colegio donde no aprendo... Risas no reías en todos los años de nuestras vidas. ¿Qué nos quedo, si es que quedó algo? Misas a las que a veces asisto.

Maldigo mis cuentos que escritos con 15 años; maldigo los relatos que hoy escribo; maldigo las novelas que nunca escribiré. Siempre tuve talento, siempre me faltó el valor, nunca encontré quien de mí hiciera su oración.

Voy y vengo, metida en una cama. Nunca de mis angustias supo, ni de mis sueños rojos, mis sentidos trastornados no los entendió, mis atardeceres más negros los paso a solas y de mis masturbaciones nunca fue testigo en un rincón. 


Nos revolcamos entre sábanas amarillas sin vernos las espinas que atravesaban nuestras gargantas aparcadas en doble fila.


Pero te amo. Aún.

Lluvia a julio (Julio 2003)

  

Los ardientes cabellos de su pelo no importaron, los aparté con mis manos violentamente de su cara. Sólo me importaba su boca, arrancarle los labios con la mía. 

Lo desnudé con la prisa que tiene quien se muere de sed casi por primera vez, como quien desea beber de la savia del tallo verde después. Y mientras lo hice, lo miré casi muerta yo de placer. 

Mis ojos redondos, mis brazos rodeando sus glúteos. Casi nunca pensé que pudiese arañar una lengua un caballo de madera. La tensión tan baja y tan alta a la vez. 

Era extremo..., y yo con tanta sed... Tan joven era él y yo tan excitada estaba, pareciera que mañana iba a faltar el agua. 

Si tú me hubieses visto beber con tanta sed... 

Y llegó el instante. Se movió él más rápido de cintura para abajo, y mi cabeza y mi cuello lo hicieron también.

Apenas yo lo amaba, y él casi no hablaba. Tenía yo tanta sed y él tantas ganas de llover. 

Un río me inundó, a él lo conmovió el placer. Yo tan lejos de él ya y él tan vacío de ayer.

¡Tan fácil es beber de un hombre y no amarlo a la vez!

Mi vecina (Julio 2003)

Pequeña rondadora de mis sueños, tú, mi vecina. 

Te vistes por las noches de princesa para deshacerte en mendigos tras las horas. 

Tú que has trabajado tanto, no encuentras ahora la paz en los brazos de los hombres que te amarán un día de estos, y te abandonas a torsos desnudos, fría tú y ellos cálidos amargos. 

Yo, alma que cualquier mañana te despertará con latigazos de amor, te espero en estas calles. 

(A una amiga que no volvió)

Quién me llama (Junio 2003)

  

¿Quien me llama? Pregunté asustada. 

Nadie respondió.

Es la nada recreándose en mi persona, arañándome el pecho desesperadamente.

Un avión me llevará muy lejos sin billete de regreso. No deseo volver, no deseo llegar a ningún lugar. Pobre infeliz, ¿qué haces si no sabes vivir?

Aprenderé, caminaré despacio y el mismo camino inexistente me enseñará, pasado mañana, el lugar que me ha de albergar. 

Me desnudo de recuerdos, vacío mis baúles, sucios y desordenados, para que quepan las esperanzas que han de llegar... Sentimientos hacia mí que no me rompan, que sean los extremos del amor, sentimientos míos que sean recibidos por quién desee beber de las paredes internan de mi piel, por quién se cure sus heridas con el sudor de mis momentos más terribles, esos que saben matar. 

Pensar, y pensar... todo lo que da vueltas y no soy capaz de parar. Yo soy hoy esa mujer, metida entre las paredes de su casa de cristal, que tiene miedo a dormir por no querer despertar, esa mujer “en tránsito” que quiere acercarse a la humanidad.

Años 80 (Mayo2003)

  

La ruinosa mansión de los Campertier, que dejó de ser durante los meses de preguerra mundial la cuna de reuniones de la alta aristocracia del Ducado de Steimur, estaba a punto de ser derruida por la empresa Demoliciones, S.A. 

Las nietas de la que fue Duquesa de Steimur, Paca Campertier, provocaron un altercado al desnudarse, atadas sus muñecas con finas hebras de litio-consolidado al poste de supercable (que en la presente década aún era aéreo), y abrir sus muslos ante los operarios y el Sr. Presidente de la Cooperativa, mientras cantaban el Ave María Plena di Grazia  gesticulando temporalmente símbolos obscenos neo-inquisitivos. 

El Maese Pérez colocó su Órgano Genital frente a las jóvenes Campetier y las distrajo de su atención a la mansión… cobrando luego la sustancial suma de euros acordada con Demoliciones S.A.


PD. Todo tiene una importancia relativa, al compararlo con qué.

La exbailarina (Abril 2003)

Se reunieron en un bar para decirse lo que faltaba por decir. La bailarina se dejó el alma guardada en su taquilla para no tener que hacer exhibición de ella. El actor no trajo su guión de amante para no tener que interpretar.

Silencio. Violencia. Gran angular.  

Él amarillo, ella negra. Él amarillo, ella roja. Pero ya no se acordaban el uno del otro, ni de sus olores, ni de las inflexiones de sus acentos. 

Ella encendió un cigarro y aspiró profundamente el humo intentando asfixiarse en el intento para no mirarlo más. El no la miraba demasiado. 

—¿Quién soporta menos a quién? —Se preguntaron. 

—El café ya está frío y tus ojos ya se han ido, es mejor que te vayas con ellos. 


Lo que se intenta contar: Los lastres del amor acaban por deshacernos, aún sin habernos hecho previamente.


(a.todos.los.que.terminan…)


  


A una mujer, desde Davos, Suiza (Abril de 2001)


Cargada de contradicciones, permitiéndoles el ser a mis continuas frustraciones; al fondo, lo blanco.

De mis manos sólo queda en el recuerdo su escultura en un trozo de papel.

Me debato a todas horas otorgándole mi tiempo a lo banal mientras busco eternamente lo sublime. Y si rezo no es a Dios, y si busco no lo encuentro y si lloro no lo notan mis ojos.

Vacía, dudando, a un lado, en la sombra.

Todo es tan distinto, pero todo sigue sin darse cuenta de que existo.

Recuerdo sensaciones que no he vivido nunca, deteniéndome en todas mis muertes.

Distintas dimensiones se colapsan trastornándome, en silencio, pero el silencio también puede hacer daño.

Cada vez me cuesta más trabajo lograr que brote en mí un soplo de emoción por lo profano.

Microstory del último recuerdo (sin fecha conocida)

Acabaron de almorzar. Fue la primera vez y sabían que, inevitablemente, sería la última. El sol de la tarde se colaba entre las hojas de las enredaderas que rodaban aquel patio, creando un maravilloso espectáculo de color. Apenas quedaban los últimos clientes en el restaurante y a ellos les quedaban por delante sus tres últimas horas juntos.

Fumaban. Ella colocó su mano sobre la de él, ambas sobre el blanco mantel. Lo miró a los ojos y, con el semblante serio, le preguntó: ¿Vas a follarme ahora? Tras un brevísimo silencio, él contestó rotundamente, penetrando ya sus infinitos ojos: .