MICRORRELATO 20: UN MUNDO POR DESCUBRIR

Al cerrar los ojos me doy cuenta de cómo el resto de mis sentidos se agudizan. De repente, el tic-tac de un reloj cuya existencia desconocía me resulta atronador; incluso pasados unos segundos llega a resultarme molesto. El graznido de las gaviotas, los motores de los coches, el zumbido del ordenador… ¡Menudo escándalo! Ahora es el olfato el que capta un olor que se cuela por la ventana como un suspiro. Huele a mar. El viento de levante habrá arrastrado su aroma, que penetran en mis pulmones y me hacen sentir un frescor revitalizante. Pero no acaba ahí la cosa. Siento mi brazo izquierdo más caliente que el derecho. Un rayo de sol ha debido irrumpir a través del cristal y eleva la temperatura de mi antebrazo. Es una agradable sensación de calidez y ternura. Introduzco un caramelo de fresa en mi boca para combatir el mal aliento y es como si saboreara un trocito del árbol frutal. Mi paladar degusta un delicioso manjar y un color rojo intenso se instaura en mi mente. Siento que soy más consciente de todo lo que me rodea, un mundo que pasaba inadvertido para mí, pero que está ahí, latente, esperando a ser descubierto. De pronto abro los ojos y todo eso desaparece, se ha quedado en una sensación efímera, pasajera… y es entonces cuando no puedo evitar preguntarme: ¿Serán las personas invidentes conscientes de las ventajas de su desdicha? 

MICRORRELATO 19: EL TRAIDOR

 Aunque aparentaba estar tranquilo como la mar en calma, me daba la sensación de que algo inquietaba a nuestro líder. Nos había convocado en un sitio poco habitual, un rincón secreto lejos de miradas curiosas y a salvo de sospechas infundadas. Los últimos acontecimientos acaecidos con las autoridades nos habían puesto en el punto de mira de la sociedad, y urgía ir cambiando nuestro lugar de encuentro muy de vez en cuando, como las aves migratorias una vez llegada la estación invernal. Desconocíamos qué nuevo encargo nos encomendaría para con su empresa, pero por su expresión severa y el halo de misterio que le envolvía aquella noche, no hacía presagiar nada bueno. Fue al borde de la medianoche, entonando unas confusas palabras que sonaron a despedida, cuando comprendimos la gravedad de la situación: —En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me traicionará —anunció sin rodeos y con asombrosa calma, empleando un tono de voz de lo más sosegado. Un murmullo de voces contrariadas se hizo notar en la sala como el arrullo de un riachuelo. Nadie se atrevió a preguntar de quién se trataba, pero pude advertir claramente como Judas se revolvió en su asiento. 

MICRORRELATO 18: LA MTENE HANUMA

IES RAMÓN Y CAJAL, 8:25 AM. Los párpados pesan… los bostezos no cesan… la manillas del reloj no avanzan... Definitivamente el sueño me puede. Y es que el tema contribuye poco o nada a mi estado de vigilia: Funciones del cerebro. Desde mi pupitre puedo oír algo así como que el odren de las lteras que etsán en una plabara no ipmotra, que pdmeos leer aglo sin pemrolbas seimrpe y canduo la piremra y útimla ltreas etsén en el lguar crotreco. Por lo vtsio etso es pquore la mtene hanuma no lee cdaa lreta idnvidailuemtne, snio que tmoa la pbarala cmoo un tdoo. ¡Menuda chorrada! Es más, al parecer, L4 M3NT3 35 C4P4Z D3 D35C1FR4R UN M3N54J3 4 P354R D3 QU3 3N 3L LU64R D3 4L6UN45 L37R45 53 1N7R0DUZC4N NÚM3R05. 3570 S3 D383 4L 8U3N D354RR0LL0 D3L H3M15F3R10 1ZQU13RD0, D0ND3 4L83R64M05 L4 FUNC10N C06N171V4. ¿A quién quieren engañar? Desde luego que los profesores no saben qué contar ya para atraer nuestra atención.  

MICRORRELATO 17: EL PRECURSOR

“Es una locura”, le decían algunos. “Es una obra imposible de realizar, no te dará

tiempo”, le desanimaban otros. Pero él estaba convencido de que sería capaz de llevarla a

cabo, aún con el tiempo jugando en su contra... Y al final, contra todo pronóstico, realizó la

mayor obra de todos los tiempos en solo seis días. Al séptimo descansó.

MICRORRELATO 16: AMOR CIEGO

La vi, la miré, la observé, la contemplé... Me vio, me miró, me observó, me contempló... Y desde aquel momento, los dos quedamos ciegos. 

MICRORRELATO 15: Stop. Congela el tiempo

Deja que todo se detenga y que un segundo se vuelva infinito. Déjame ver este instante eternamente. Como un momento fugaz congelado, una emoción que no se enfría. Y que me espere el futuro, que llegaré tarde. No dejes que nada cambie. Y estíralo, estíralo, ¡estíralo! Repítelo a cámara lenta y en bucle. Dile a la novedad que ya no me interesa, que ya no la quiero en mi vida. Deja que avance ese giro de cabeza que desemboca en dos miradas fundidas. Pero, ¡detenlo ahí! Donde debieron quedarse, mirándonos. Sonriendo. Y que el lobo se coma el sol y el mañana no llegue nunca. 

MICRORRELATO 14: Amor

Sus ojos me encontraron y me observó durante unos segundos que parecieron horas. Con aquellos ojos hinchados llegó hasta los lugares más profundos de mi ser. Yo sonreí. Entonces parpadeó, lentamente, tranquilo, sereno. Comprendió que ya nos conocíamos. 

MICRORRELATO 13: La cura

 

—¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Qué me está pasando? Quiero abrir los ojos y no puedo, no lo entiendo. Escucho hablar a algunas personas, más, yo quiero hablar y no puedo. 

—Ahora empiezo a recordar, ya lo entiendo todo. Estoy en el hospital, recuerdo cosas y no quiero, duele, duele tanto. Si no hubiera hecho aquello, ahora… Maldita sea, sí, estoy en coma, y si, se escucha todo. Recuerdo a mi pequeña, el veinticuatro de diciembre, recuerdo y no quiero. Me duele, duele tanto, lloro todos los días, a todas horas y no hay lágrimas. Pero me quema el alma, me abrasa, no existe tortura más cruel, pero me lo merezco, era un angelito, era mi luz. Inés, te tenía que haber hecho caso, me decías que no bebiera más, yo te cogí en mis brazos y fanfarroneando te dije que controlaba. No debí subirte conmigo y llevarte a casa de los abuelos, después de beber tanto. Quiero estar contigo y no puedo, quiero morir, darme la cura, dos años y cien días ya es suficiente, la misma tortura todos los días, por favor, mi cura es mi muerte. Y por fin, aquella misma noche su plegaria fue escuchada y su corazón se apagó.

MICRORRELATO 12: Soñando contigo

Estábamos expectantes por conocerte, nerviosos por saber cómo estabas. Cuando por fin te vimos, nos embargó la emoción, eras pequeñito pero muy fuerte, con un enorme corazón lleno de vida. Nos dimos la mano y sonreímos felices. Allí estabas tú, un anhelo hecho realidad. Nuestro bebito lindo latía con fuerza.

MICRORRELATO 11: Lío numérico

Ya no podíamos contar con él, por eso los números convocamos la asamblea matemática. Había que echar al cero. 

-¡Qué lo quemen! -gritó el uno. 

-Es un perro flauta -dijo el nueve. 

-No vale nada a la izquierda. -gritó el ocho, porque tumbado se sentía infinito. 

-No tiene ordinal ¡Fuera! -abucheamos todos. 

Enfadado el cero se hizo una gran boca y nos fue tragando a todos. Mientras gritaba: -¡No somos nada! 

Ahora estamos en su barriga y todos somos UNO. ¡Menudo lío! 

MICRORRELATO 10: Pendientes de luna

Un día la luna se puso de pendientes las sonrisas de Begoña Pasoinquieto y el mundo andaba asombrado con su brillo. Los zarcillos se cayeron a un pozo por ponerse a presumir cuando estaba llena. Begoña Pasoinquieto dejó de sonreír y nuestro satélite se apagó sin más. Cada vez que alguien sonríe tímidamente vuelve a florecer la luna y cuando alguien llora, torna a menguar. Al fin y al cabo la vida en este mundo es reír y llorar.

-Me preguntarás:  ¿No se le ha ocurrido a nadie sacar los pendientes (risas) de Begoña Pasoinquieto del pozo?

-Pues no, se te ocurrió a ti solo.

-¿Y ahora qué hacemos? ¿Los sacamos? ¿Dónde esta el pozo? ¿Sabremos bucear a pulmón?

-Ya lo sé. Solo se necesita asombro para nadar en aguas profundas y mirada de sencillez para poderlos sacar -dice Begoña.

MICRORRELATO 9: Black-Friday basado en hechos reales

Al darle la vuelta a la bolsa para perros, esas que venden en los chinos, con un movimiento automático, perfeccionado dos veces al día durante años, sin saber cómo, te envuelves dentro de ella y quedas atrapado en una burbuja de plástico negro, no tan distinta del mundo, después de todo. ¿Cómo le hago el nudo yo ahora? Piensas antes de darte cuenta de que aquí, en este momento sintético, y quizás antes también, te ahogas en la...

MICRORRETALO 8: Tampoco lo esperaba

Viniste a mí del agua, sin nada. Viniste con lo puesto, apenas unas chanclas. Me insultaste de lejos. Apenas me habías visto y ya me pediste de comer. Viniste sin risa, sin lágrimas, y apenas sin sed. Me robaste, al primer instante. No preguntaste nada. Y te fuiste sin decir adiós. Tras estos años, tampoco lo esperaba.

MICRORRELATO 7: ¡Mamá!

Indudablemente él no la quería. Lo había demostrado muchas veces, incluso mientras le decía “te quiero”. Ella estuvo desesperada un tercio y medio de su vida por creer lo que luego llegó a interiorizar como mentira. Y le llegó el día D, el día en el que asumió rotundamente, mientras deconstruyó su pasado en un instante, que, tras años de maltrato, no hay amor. Quizá él no supo que no había amor. Quizá él nunca supo del amor.

La otra mitad que le quedó de vida, la paso bajo una lápida blanca en el que se leyó durante años  solo una palabra entre signos de exclamación: ¡mamá!.

MICRORRELATO 6: Una ingle más

En el olor su propia ingle reconoció el de ella y eso lo excitó. Llevaban, sin embargo, días sin verse, eran muchas las duchas desde entonces. Era, pero no podía ser, el aroma del final de sus muslos. Era, pero no podía ser, el que tantas veces persiguió. Entonces se lavó las manos con cuidado, echó al lavado los calzoncillos del gimnasio y decidió olvidar que el olor de ella era, después de todo, como el de cualquier otra ingle.

MICRORRELATO 5: La prensa local

Aquella mañana de Navidad, la ciudad se despertó envuelta en un intenso olor a semen. Las beatas del barrio bien fueron las primeras en darse cuenta, al salir  de misa de ocho, aunque no dijeron nada, ni cambiaron el gesto. En la calle de las prostitutas fue patente el júbilo y no lo fue menos en el seminario. “El Espíritu Santo ha llegado por fin” decía el periódico satírico, “Happy ending Christmas in Madrid” publicó el New York Times. “Un escape de gases tóxicos provoca el caos tras la noche buena”, afirmó la prensa local.

MICRORRELATO 4: Pablo y María

Pablo quería ir a la luna, pero María quería ir al sol. Pablo dormía con pijama de franela. María dormía desnuda sobre el colchón. Pero Pablo conocía la zona en donde María temblaba de frío, y María, cuando quería, lo inundaba con su cálido sudor. Y así, día tras día, los primeros años con palabras y los últimos con ausencia de ellas, se resguardaron del “cambio climático” que a todos nos llega.

MICRORRELATO 3. El grito.

Y se arañó la cara al llevarse con furia ambas manos sobre ella. Y no volvió a ver nada durante aquellos segundos eternos. Llovía en toda la ciudad al mismo tiempo. Entonces, tumbada en aquella camilla de consultas externas, escuchó el timbre de un teléfono y supo cómo suena desde dentro el grito de una mujer que lleva en su vientre un niño muerto.

MICRORRELATO 2. Sin título.

Cuando llegué, llegué exhausto, apenas sin resuello, con los ojos inundados en lágrimas. Ella había decidido no esperarme. Fue entonces que agradecí a la vida esa segunda oportunidad.

MICRORRELATO 1. Mientras coloreo.

 Cuando llegues al mundo y abras los ojos, te estaré mirando fijamente. Cuando tu piel y mi piel se toquen, no querrán separarse jamás y cuando calme tus llantos con mi voz, reconocerán mi corazón en el tuyo. Si alguna vez te quedas a oscuras, mi luz alimentará tus sentidos. Si alguna vez eliges dejar de sentir, tu dolor será el mío y mi calor será tu hoguera. Pero cuando, antes que el tuyo, sea mi corazón, el que dejé de latir, sentirás que hasta entonces latian dos corazones en uno y que algún día, en uno volverán a latir.