¿No usas ahora el presente, Mario? En 100 palabras

1.

¿No usas ahora el presente, Mario? –Preguntó, una tarde del 46, su anciano mecenas al joven pintor, tras observar durante algún minuto el lienzo semiacabado. 

Se sujetó ambas mejillas con una mano, desviando la mirada hacia la gran ventana. Tras ella salpicaban las huellas de una guerra. 

Cuando regresó al cuadro, Mario estaba ya sentado. 

–Observo un profundo cambio de formas y de contenido en tu nueva obra... 

–Señor, hace días que sueño por las noches, otra vez, en color.  Ya no oigo el eco de las bombas ni los gritos de mis hermanas. Empiezo a creer que es posible un futuro más justo para todos.


2.

¿No usas ahora el presente, Mario? –Le gritó su alterada hermana mientras cerraba la cafetera, la cual había cargado previamente... 

Hacía mucho calor, faltaban algunos minutos para la medianoche y llevaba ya varias horas intentando que su hermano aprendiese a conjugar aquellos tiempos verbales. 

¡...Del subjuntivo, Mario, del subjuntivo! 

Mario tenía el examen final de Lengua de 6º curso a primera hora de la mañana siguiente y su interés por aprobarlo estaba únicamente motivado por no tener que volver a soportar las clases de su hermana durante los futuros meses de verano. 

Había ocultado a sus padres los suspensos en la asignatura durante todo el curso. 


3.

¿No usas ahora el presente, Mario? –Sonó la voz ronca del inspector dando un golpe con la mano en la mesa del interrogatorio, la cual estaba cubierta de fotografías que mostraban los recientes cadáveres de varias mujeres degolladas. 

Mario, el presunto asesino, era un joven de 19 años con esquizofrenia diagnosticada desde su infancia y no tratada en los últimos años.

Sus únicas palabras pronunciadas autómatas durante horas habían sido: “Yo soy bueno, yo soy bueno...”, hasta que unas fotos de mujeres ensangrentadas cayeron sobre la mesa. Y él las vio.

Y golpeándose las sienes, comenzó casi idéntico monólogo: “Ya seré bueno, ya seré bueno...”


4.

¿No usas ahora el presente, Mario? –Se atrevió a preguntar María a su marido, mientras recogía las sobras de la mesa donde habían cenado.

Él acababa de colgar el teléfono de la habitación contigua con sumo cuidado de no hacer ruido...

–¿A qué te refieres? ¿No te entiendo?

María sonrió y con benevolencia prosiguió... Tenía el pulso tembloroso en las manos y firme en la voz. De fondo, tras sus palabras, Mario escuchaba el tintineo de las copas vacías. Se mantuvo inmóvil frente al teléfono que había colgado.

–Acabas de decirle a tu amante que “la dejarás...”, ¿No me has dicho que hoy la habías dejado? 

  

5.

¿No usas ahora el presente, Mario? 

–No, no lo uso. Ya no...

–¿Y eso?

–¿Y eso qué?

–¡Coño! ¿Que qué día es? 

–Déjame un momento, estoy algo exhausto... (Silencio)  Creo que ahora estamos en 1.999, en diciembre, imagino.

–¿Y cómo lo sabes? 

Porque acabo de sintonizar una frecuencia de FM y han dicho... espera.... Sí, están hablando del “Efecto 2000”, ¡dicen que sucederá dentro de unas horas!

–¿Qué? ¡Mario, joder! Si eso es así, ¿cómo vamos a volver? ¿No te das cuenta de que tu máquina del tiempo depende también de un software

–¡Sí, y ha funcionado! 


6.

¿No usas ahora el presente, Mario?

–No, aquí está ya todo arreglado.

–¿No te importa que pasemos, entonces, al pasado?

– No, ya he entrado...

–¿Y qué ves? ¿Qué edad tienes?

–Creo que hoy cumplo 3 años. Lo sé por el vestido de princesa que llevo puesto. No me gusta nada; además ha sido de la hija de la vecina.

–¿Y qué sientes? ¿Cómo te gustaría ir vestida o... vestido?

–De pistolero, de pirata, de indio..., pero con pantalones. Cómo los niños... No sé por qué me regalan estas muñecas, yo prefiero jugar con los coches de mi hermano. Me encanta jugar con sus juguetes.