EL KALIKEÑO

Una historia futurista escrita en 1998 que intuyó "casí" el futuro hasta el año 2013.

Hoy, 03 de marzo de 2013, desde esta habitación, contaré una hermosa historia... 


Yo tenía 21 años; era uno de los julios más calurosos que recuerdo, y el más tierno... Recuerdo también que a los españólitos les dio por salir a las calles en ropa interior, ¡es cuestión de moda! Sí, eran tiempos extraños aquellos, y hoy en día... tan añorados.


Fue entonces cuando reconocí al Kalikeño en acción, y cambió mi vida para siempre. Nunca olvidaré aquel primer momento, aquella esquina, aquel mostrador tipo mesa—campo, aquel pesito, aquella cola de clientes guardando la vez, y aquel producto lunar envuelto en celofán. Fui consciente en el instante en el que me enamoré irremediablemente de él:


Se oyó un coche patrulla y, al instante, con un vicio calculador, el Kali metió el peso y las bolsitas “al rebujón” en una mochila propagandística de una O.N.G., se guardó algo en la entrepierna con gran elegancia, el dinero en el bolsillo y emprendió la huida; al doblar la esquina, el impacto fue tremendo, yo estaba allí, observándolo, y al instante me vi tumbada en el suelo... con el Kali encima de mí. Su respiración era profunda y me quemaba; sus ojos eran saltones, estaban hinchados y enrojecidos, pero el mar se reflejaba en ellos, el mar y 0.00001 grs. de farlopa, pues al meterse, hacía 10 min., 0.25 grs., de esos 0.25 grs., 0.00001 habían ido a parar a un ojo porque hubo una brisa.

Nunca creí que pudiera estar tan cerca de él; fue una sensación espectacular: el sudor de su frente, gota tras gota, fue cayendo sobre mi cuello; había un fuerte olor a “macho ibérico”; su melena, algo trasquilada era estilo Raimundo Amador— Mónica Naranjo. Pero, lo que más me llamó la atención fue algo enorme que sentí entre las piernas, entonces pensé: “¡Este tío, o lleva pistola o se alegra de verme!”.

Fueron unos instantes, pero tan intensos que aún ahora puedo sentir su respiración jadeante.

Entonces se levantó y me ayudó a hacerlo a mí, con algo de prisa. Cuando me incorporé sentí un fortísimo dolor de “tarro”. Él estaba muy nervioso, pero eso no impidió que me mirase pusilánimemente, con fuego en los ojos.

—¡Oh! Perdona, no te vi...

—No, no; la culpa es mía yo estaba aquí distraída y no te corté el paso... 

—No, no, yo...

—No, pero yo...

—No...

—No...

—Joder tía, ¡vale!, no tengo tiempo de discutir...

—¡Ah!, Sí, ¿no?, pues jódete tú...

¡Y el Kali salió corriendo, no sin antes devolverle a mi cara de mala leche una sarcástica sonrisa de “ya veremos cuando te coja...!”.


Sí, así nos conocimos. En los meses siguientes hice todo lo posible por encontrarme con él en situaciones insólitas, hasta que empecé a comprarle todo lo que vendía, ya que era la mejor excusa para verlo y estar en contacto. De todos modos, tenía unos buenos precios y hasta ofertas:


  • Con 2 grs.—————————— un porro de María.
  • Con 3 grs.—————————— un porro de Juana.
  • Con 4 grs.—————————— un porro de Carmela.
  • Con 5 grs.—————————— un porro de Paca.
  • 5. Con 20 grs.————————— 1 gr.
  • Por cada 3.000 ptas. en compras te regalaba una papeleta para un sorteo de una minitelevisión robada (que aún no ha tenido lugar...).
  • Además, había épocas de rebajas, semanas especiales de las cocaínas, de las heroínas, de las lechugas, (¡Ah! Sí, también vendía lechugas ilegales).
  • Te daba la factura para desgravar.
  • ¡Ah! Sí, eso siempre; si no quedabas satisfecho te devolvía el dinero, y tan colegas como siempre.

Con el tiempo me convertí en su cliente fija nº1, con lo cual, las consecuencias fueron las siguientes:

  1. Me convertí, en unas semanas, en una adicta a todo lo habido y por haber.
  2. Tuve que delinquir para obtener dinero rápido. ¡Pero fue todo por amor!.

Y fue inevitable, yo me enganché a las drogas y el Kali se enganchó a mis “entrañas”. Y entre “polvos” y “polvos”, poco a poco nos hicimos novios.


Dejé mi carrera, (sólo he llegado ha hacerle una casa a un perro en estos años) y me metí en el negocio con él. Todo lo llevábamos a medias; fue una época muy próspera, entre ventas y carreras delante de la pasma ganamos unos “duros” y aumentamos el negocio. 

Pusimos un chiringuito en un lugar de mucho ambiente y nos fue muy bien por un tiempo: El local era una pasada, y, por fin, pude ser bailarina profesional. La noche de la inauguración, el Kali me regaló un conjunto exclusivo que constaba de dos estrellitas que hacían las veces de sujetador y unos calzones del Betis. ¡Fue muy Romántico!

Él llevaba el tema del kiosquillo de drogas, el de la cola del servicio de tías, etc. Y yo me encargaba de la música, pues era la D.J. y la animadora: ponía una canción con mucho arte y sin equivocarme y salía corriendo a subirme en el podium..., y así una y otras vez. El tema de bar lo llevaba el encargado, que era un transexual que el Kali secuestró en Cuba. El recogevasos, en principio y a falta de otra cosa, lo alquilamos, por un precio módico a la discoteca Fogón Rojo, y además nos servía como agente del servicio inteligente (temas de alto secreto).


Así, mi Kali y yo ganamos un pastón. Con el tiempo, fuimos metiéndonos en el mundo de los negocios de “alto standing”: En el 2.001 fuimos a Ceuta a por mercancías ilícitas y de paso, a la vuelta, el Kali se casó conmigo en Gibraltar (en el Peñón). EL cabrón decía que así seríamos internacionales, pero hoy caigo en la cuenta de que nunca tuvimos papeles. La alianza se la compró a un “moro retrasado” por tres Euros, y se me puso el dedo verde a la semana siguiente.

La noche de boda la pasamos en el vespino G.L., dirección Sevilla, (pero los baches animaban).

En el 2.002 nos asociamos con unos narcotraficantes portugueses que tenían contactos al otro lado del Atlántico y nuestro capital se multiplicó...

El Kali vendía “ácido” en la puerta de una iglesia y las clientas beatas creían ver al Espíritu Santo todos los domingos de 11,00 a 12,00 h., por lo que la demanda se incrementó. Los monaguillos, el sacristán y hasta el párroco acabaron enganchados al L.S.D., y éste último, en nombre de la Iglesia y del mismo Dios le encargaba ración extra para bañar las Hostias en la magnífica sustancia que importábamos del Líbano.

Mientras, yo, me ponía a vender anfetas los lunes a las 8´30 h. en la puerta de un colegio de monjas, con el consentimiento de la hermana María, que le daba al Cannabis clandestinamente y luego se la veía todo el día “pasillo abajo, pasillo arriba, del altar al atrio y del atrio a la sacristía”.


Fue pasando el tiempo, ahora llegaron unos meses de los cuales tengo una gran laguna en la cabeza, pues (según creo) estaba todo el día colgada con el crack, ¡qué no sólo de pan vive el hombre!

Sí, fue el año de aquel jaleo y aquellas manifestaciones a favor de la pena de muerte y del aborto. ¡Todo el mundo estaba como loco!

Yo, sólo quería crack y a mi Kali, mis dos debilidades, y todo el mundo luchaba por unos ideales que a mí me la traían floja. Pero, para no quedarnos atrás, el Kali y yo íbamos a las manifestaciones a dar botes y repetíamos las frases que allí se decían sin encontrarles significados.

Así, en el 2.003, si mal no recuerdo, el gobierno convocó aquel referéndum para legalizar o no la pena de muerte y el aborto. Yo, estaba tan colocada aquel día que, al meterme en la cabina, eché a suerte la casilla donde poner mi cruz y me salió que sí ambas cuestiones.

El Kali también votó afirmativo. En fin, que ganamos el referéndum por 2 votos de diferencia, ¡qué casualidad!. Y algún mamón escribió entonces en el libro de la puta Constitución: “Queda aprobada la pena de muerte para los españoles de malas intenciones...”.


Por aquel tiempo, el negocio lo descuidamos un poco, ya que nos metíamos más nosotros de los que vendíamos, y además, con tanto cuelgue nos equivocábamos en las cuentas... Así que el Kali y yo nos propusimos dejar los vicios para los días festivos (Día del Corpus, día de S. José, el Pilar,...). 

Y las ventas y el local volvieron a florecer. Entonces incorporamos a nuestro chiringuito un espectáculo de striptease masculino a la internacional, un salón de prostitución masculina también, del que yo me llevaba el 70% y una sauna con una china muy jovencita que hacía las veces de albornoz a los clientes.

Sin comerlo ni beberlo fui empresaria, madamme de un club de alterne, trafiqué con armas y con tabaco negro, fui bailarina profesional,... aunque esto último lo dejé cuando empezó a pegar fuerte “El Salmonete”, esa horrible música que nació en el 2.007. Sí, todo el mundo peregrinó e hizo la Ruta del Salmonete, pero a mí eso de bailar con una sola pata, aguantando la respiración y abriendo y cerrando los ojos, no me iba. Así que puse a cuatro cojas de exuberantes tetas subidas en cuatro cajas de cervezas vacías y le pagaba una miseria (1,5 Euros/hora).


Mi vida sexual iba a todo ritmo. Siempre pensé que hay un enchufe para cada instalación eléctrica, y él desde luego, era la mía. La pasión nos corroía, y eso a la larga, acabó por ser penoso.

El kali, después de tantas juergas, de tantas cervezas, se empezó a poner fláccido y le pedí que, ¡por sus muertos!, hiciera algo de deporte para endurecerse y al muy hijo de puta le dio entonces por jugar todas las mañanas al ajedrez con un marinero retirado, en vez de hacer pesas. ¡Era un Mamón!

Todo iba tirando, ¡todo!, hasta que un día me dijo el Kali apesadumbrado: “No lo entiendo, te doy todo mi esperma y no sé si te alimenta, ¿puedes explicármelo, querida?”. A lo que yo, muy diplomáticamente, le respondí: “Kali, estamos en el s. XXI, utiliza “la neurona”, cariño, lo llaman el divino anticonceptivo”.

Él me miró entonces con ojos pensativos que me aterraron. Así que un día, sedé al Kalikeño, me lo llevé a una clínica y cuando despertó se enteró de que le habían hecho la vasectomía. ¡Por poco no le da un chungo! Porque el pobre creyó que le habían cortado los cojones (es que era un poco “incurto”).

Después de esto, el Kalikeño tuvo una depresión y yo me tuve que encargar de todo. El pobre había perdido la autoestima, estaba pasando una etapa de desorientación sexual y llegó a pensar que se había vuelto maricón. Pero con un intensísimo tratamiento llegó, en unos meses, a ser el mismo macho ibérico del que me enamoré.

Pero para qué quiso más. Al poco tiempo hizo un cursillo acelerado de cámaras de vídeo, dirección y producción pornográfica. Se compró un equipo de primera y montó el “tinglao”. Configuró una red de pornografía a escala regional llamada “Lo más duro del Kalikeño” y empezó a rodar películas pornos como un loco. Si no recuerdo mal, mis favoritas eran “Los pintapompis”, “Cariño, me he alargado el pito”, “Cada oveja con otra pareja”,...

Y el muy cabrón empezó a tirarse a las actrices de sus películas, con la excusa de que era para ensayar. Con lo cual yo me empecé a cabrear... y se lo advertí algunas veces antes de tomar una determinación, fue entonces cuando, después de nueve años de relación monogámica yo también me di a la promiscuidad, que no está tan mal, y me metí en la cama de un “turco de pelas” que me montó un pisito. Esto sucedió en el 2.008, después de ponerle las maletas en la puerta al Kali; ese día vía su culo mientras se marchaba, y me torturó... y volví a darle al crack.


Meses después, cansados ya de tanto mamoneo, quedamos un día para poner las cartas sobre la mesa e intentar solucionar lo nuestro. Pensando que el Kali quería la reconciliación, me puse muy elegante con un vestido de metacrilato rojo (con el que sudé un poco...). Pero el hijo de perra me dijo que le hacía falta una chica para una escena zoofílica y que había pensado en mí. Los ojos se me salieron, los pelos se me pusieron 90º por encima de la horizontal, un grito eterno se engendró en mis arterias:

—Cabrón, hijo puta!! Al perro le das por el culo tú si quieres... ¡¡Te voy a rajar la cara!! ¡¡Serás cerdo!!

Y empecé a arrojarle toda clase de objetos que encontraba a mi alcance, hasta que... no sé como, perdí el control, y aquel tenedor que mangamos en Ibiza acabó clavado entre sus ojos... y cayó al suelo desplomado y regando, mientras, toda la habitación con dos chorritos de sangre a alta presión.

—Oh! Dios mío, yo no quería, Kali, lo siento, joder tío, no hace falta que te pongas así...

Me acerqué a él, me incliné, cogí su cabeza entre mis brazos y la apoyé sobre mis nalgas.

Entonces me dijo casi sin respiración:

 — Preparé esta cena a base de caracoles y alcauciles con el único propósito de volver a unirnos, no fue mi intención molestarte, pensé que te haría ilusión intimar con un lindo oso panda, pero, de no ser “asin” sólo tenías que decirlo. De todos modos ya da igual, yo, yo siempre te he k´e...e...er..............

Y el Kalikeño descansó en paz “pinchado” para siempre en mi regazo.

 — Sí hijo, tú como siempre tan oportuno; siempre diciendo las cosas de esa manera tan sutil en los momentos claves, ¡hay que joerse!

Menos mal que el vestido era rojo, ya que me había puesto perdida de sangre venosa.

 — ¡Jo-der! Y ahora, ¿qué?


¿Qué y qué?


Que llevo cuatro años siendo invitada de honor, primero en El Puerto de Santa Mª, luego en Alcalá Meco, Herrera de la Mancha, La Modelo y, por último, en Carabanchel, acusada de homicidio en 1º grado y en 1ª línea de tiro al blanco y condenada a ¡PENA DE MUERTE!


Dios mío, yo misma voté a favor, por mi voto y por el del Kali fue aprobada la Ley de la Pena Capital. ¡Joder! Y resulta que el 24 de agosto (con tol´caló) de este mismo año me sacarán del corredor de la muerte para llevar a cabo mi sentencia en la cámara de “gases corporales”.


¡Si sólo tengo 35 añitos!, y me hice un liftin hace 3...


CONTINUARÁ (¡si queda algún participante!).


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